El Duelo

Hoy me gustaría hablar de un querido (y astuto) amigo nuestro: El duelo.

No importa cuánto queramos pensar que ya lo superamos.
Cuánto nos decimos a nosotras mismas y a los demás no, de verdad, estoy bien — eso fue hace tanto tiempo. Ya lloré suficiente.

Igual aparece.
Sin anunciarse.
De repente.
Como una sombra.
Un amigo que no esperábamos.

Exigiendo atención, cuidado.
Recordándonos que todavía hay una parte de nosotras procesando una pérdida, acostumbrándose a un nuevo estado de las cosas.
Es como si una parte de nosotras siguiera protestando,
“¡Espera, esto no era como se suponía que iba a ser!
¡Este no era el final que tenía en mente, que imaginé tantas veces!
¡Esto no termina así!
No me gusta esto.”

Se necesita tiempo, paciencia, amor, (¿y quizás un poco de helado?)
Para recordarle a nuestro sistema que deje de luchar contra el hecho de que
Sí, las cosas cambiaron inesperadamente.
Las cosas no salieron como esperábamos.
Así es la vida a veces.

Y todo lo que podemos hacer es
Abrazar nuestro duelo.