
¿Escuchas a veces esa voz que te persigue, sin importar cuánto hayas hecho, hasta qué tan tarde te hayas quedado estudiando, con qué tanto esfuerzo hayas trabajado, o cuántas horas hayas dedicado a dejar tu hogar ordenado y limpio? Sin importar cuánto tiempo y energía hayas invertido en hacer esas tareas: los niños alimentados, sus tareas hechas, los platos lavados y el caos evitado.
Probablemente estás lista para decirme, “No, en serio —simplemente no ha sido suficiente.”
¿Se está volviendo difícil quedarte dormida por las noches, repasando todos esos momentos en los que sientes que podrías haber hecho “un poquito mejor”, “esforzarte un poquito más”?
Si es así, es muy probable que esa vocecita, tu compañera constante, empezó a formarse cuando eras muy pequeña, aprendiendo a confiar en el mundo y a entenderlo. Algo en tu entorno te mandó el mensaje de que no, no era suficiente. TÚ no eras suficiente. Quizás fue alguien que recuerdas claramente, incluso palabras que fueron dichas explícitamente. O quizás no puedes traer a tu mente nada específico —sólo la sensación de siempre quedarte corta.
Sea cual sea el caso, espero que en esos momentos de desesperanza, de sentir que casi estás desapareciendo entre tus propias exigencias, puedas recordar darte un poco de amor. Sí, a veces eso es todo lo que se necesita. Eso era todo lo que necesitabas entonces, y hoy puedes elegir dártelo tú misma. Espero que puedas encontrar palabras amables para ti, y permitirte un momento de autocompasión en el que puedas recordarte todo lo que SÍ has hecho, las personas a quienes genuinamente TÚ LES IMPORTAS y cómo tienes su amor sin importar cuánto o cuán poco hagas. Espero que puedas tomar una respiración profunda para sentirlas dentro de ti, dejar que su cariño te caliente por dentro, y decirte en silencio, “por supuesto que soy suficiente.”