
Mi cuerpo es mío y sólo mío.
Mío para amar, mío para cuidar.
Mío para proteger con todas mis fuerzas, para aprender a apreciar y a abrazar.
Sentada en una banca del centro comercial un domingo, viendo pasar anuncios de ropa interior femenina, no pude evitar preguntarme: ¿Para quién nos vestimos?
Nuestros escotes, nuestros pantalones ajustados y de tiro bajo, ¿nos permiten movernos como queremos, sentirnos tan libres para movernos por el mundo, disfrutar y conquistar nuestros sueños?
Me encanta ver a chicas y mujeres sintiéndose empoderadas por la ropa que eligen usar, sea cual sea. Y al mismo tiempo, una pregunta que intento cultivar cada vez más a medida que mi edad avanza es, ¿cómo llegamos aquí? Si el cine y los medios en general no empujaran tanto a mostrar pechos más grandes, escotes, delgadez, curvas, como señales de atractivo y de ser deseadas, ¿las buscaríamos tanto? ¿Tantas mujeres las verían como su objetivo último?
¿No es curioso cómo la manera en que somos presentadas como un producto al sexo opuesto para despertar una reacción positiva en ELLOS, termina siendo clave en cómo NOSOTRAS queremos vernos?
Al fin y al cabo somos nosotras las que llevamos estas prendas en nuestros cuerpos —prendas que como bien sabemos pueden ser muy incómodas: Oprimen, empujan ciertas áreas para mostrar otras partes de nosotras, las más “atractivas”.
¿Para quién las usamos?
Espero que estés contenta con tus propias razones —ese es el punto de este ejercicio. Que siempre estés satisfecha con tus elecciones y mantengas viva tu curiosidad, dondequiera que te lleve. 💛